Por qué escribimos


Hace poco leí a Murakami que decía que hay que ser fuerte para escribir y creo realmente que es así. Si queremos escribir necesitamos concentración y voluntad, además de pasión, cosas que a Murakami le sobran. El arte de escribir consiste en un gran porcentaje en obstinación y perseverancia. Ser una especie de luchador que debe aguantar round tras round, soportando los golpes y no permitirse caer al piso. A veces uno no quiere pelear o mejor dicho no escribir y quedar en el piso, pero hay algo que nos empuja a hacerlo, algo que es más fuerte que la propia inhibición.
Me imagino que cada uno tendrá sus razones para escribir. Margaritte Duras decía que escribía para no morir, Murakami para poder “abrir la puerta” de la “Otra Habitación”, una habitación llena de personajes extraños que piden salir. Yo necesito escribir para recortar esa locura que nos invade de la clínica, necesito escribir para tomar distancia de las cosas, necesito escribir para entender.

Sobre violencia y segregación



Últimamente los actos de segregación son cada vez más violentos, más mediáticos y más salvajes. Odiamos cada vez más. Lo insoportable de la diferencia parece haberse exacerbado en la sociedad. Reivindicando igualdades, estamos cada vez mas separamos.
Los psicoanalistas no podemos estar ajenos a este fenómeno actual. Como nos enseño Lacan, debemos estar a la altura de la época; escuchando al síntoma que sostiene el encuentro singular entre los seres hablantes, porque es el síntoma el medio por el cual el sujeto anuda su goce singular a un lazo social.
Lo segregativo es constitucional del sujeto, la historia de la humanidad lo demuestra. Lacan, en El Seminario 17, El reverso del Psicoanálisis, destaca que "en la sociedad… todo lo que existe está fundado en la segregación. La segregación, por tanto, es inherente al discurso.” Hay una segregación propia de todo lazo social y por tanto, es esencial a la estructura misma. Pero en este discurso actual, el del Amo moderno, se ofrece a los seres hablantes el sueño de la felicidad absoluta borrando la castración estructural de cada sujeto y, generando como resultado, la segregación de quienes muestran su diferencia. Paradojas del consumismo de la actualidad: cada vez más iguales cada vez más diferentes.
La sociedad capitalista actual nos muestra más segregativos, más violentos. Lo vemos en el futbol, en los bailes, y hasta en el psicoanálisis… Es así que el “extranjero”, llamase “negro”, “gordo”, diferente, es aquel que al no tener la marca de la colectividad, se hace cargo del odio en su forma más primitiva.
Una de las posibles lecturas de este aumento desmedido de la violencia tenga que ver con lo que J.-A. Miller planteó en el curso "El Otro que no existe y sus comités de ética", con la caída de los semblantes paternos y con ella el programa institucional, siendo correlativo de una ferocidad mayor. Sin ley clara los limites son más difusos y el caos gobierna. Sin padre que limite, la salida es la violencia y el caos. La sociedad contemporánea ha barrido con las diferencias ideológicas, el ideal ya no gobierna, la frontera para odiar no está atrapada por lo simbólico. Y hoy, muchas veces, odiamos por odiar.
La actualidad propone que no es necesaria ninguna necesidad ideológica para que haya racismo, basta con un plus de gozar que se reconozca como tal. Rápidamente el otro se convierte en un “extranjero”, un invasor que viene a disputar mortalmente. Es curioso como pululan agoreros en los últimos tiempos que plantean el ser diferente como algo malo.
Muchas formas de lazo social están marcados por esta violencia, sería el caso de la aparición en los últimos años de las Maras (adolescente entre 12 y 30 años de edad, llenos de tatuajes donde está escrito los asesinatos a pandilleros rivales o policías), pero también otro tipo de grupos no tan marginales, donde la pertenencia a los mismos estaría marcada por el borramiento en el ser hablante de su singularidad, formando parte de una comunidad de goce. Estos grupos no se dan como consecuencia de la identificación al Ideal, sino por ser efecto de la caída del significante amo. Falta por tanto del S1, ordenador de un saber que produce la inscripción del plus de gozar, dando lugar a un goce absoluto. La violencia extrema, no deja de ser una consecuencia de esto.
El problema que se nos plantea a los psicoanalistas no es la violencia en sí misma, sino en todo caso la agresividad, pero sobre todo que pasa en este tiempo con lo insoportable de la diferencia.