Todos somos Messi

Cientos de cámaras, miles de celulares, millones de ojos atentos al ídolo, a los movimientos del objeto agalmatico que brilla como nadie. Aquel que impulsa a sus compañeros al triunfo,el capitán, el ídolo, aquel del gol de tiro libre desde un lugar imposible a un ángulo imposible, aquel que logra hacer cosas con la pelota que no pueden explicarse. Algo inhumano, algo reservado para algunos Dioses. Porque los futbolistas actuales tienen algo de Dioses o de Héroes. Una sociedad que sigue necesitando de creer en algo.
Pero sucede la desgracia, y Messi erra el penal y la posibilidad de ganar el campeonato; y el Dios se muestra como un mortal, algo imperdonable para estos seres. Aparecen los Judas virtuales, que esperan su momento para vociferar. Lo cuestionan, lo destruyen, lo despojan.
Nada más desolador que un Dios trágico, ya no merece la mirada de las cámaras, ni de los celulares, ni de los ojos. Solo la estridencia de las voces disarmónicas de los Judas.
Messi, herido de muerte, devastado. En una soledad que conmueve, que lastima.
Nadie lo acompaña, ni sus compañeros, ni sus técnicos, ni siquiera algún fanático que ingrese clandestino al campo de juego como otras veces. Messi, en el gigantesco estadio lleno de gente, frente a millones de miradas en todo el mundo, solo como nadie.
Messi va por primera vez al banco de suplentes, parece que quiere ser suplente de ese héroe que fue. Se sienta y nadie comparte la suplencia con él, parece su destino, estar solo en la tragedia. Porque quizás de eso se traten las tragedias, de la soledad de quien la vive.
Messi, un héroe desolado, que muestra la contradicción de lo humano, porque en definitiva Messi es más humano que cualquiera de nosotros.

La función del padre desde el punto de vista de Homero Simpson




El padre en la historia
“Flanders: Homero, no quiero ser un aguafiestas ni nada de eso...
pero si se cae el niño, podría quedar cuadraplejirijillo

Homero: Cállate, Flanders.

Bart: Sí, cállate, Flanders.

Homero: Bien dicho, muchacho”. [1]

Una pregunta se impone en la película de los “Simpson”: ¿qué significa ser padre?
Para comenzar con la problematización del concepto padre es importante abordar primero, aunque más no sea de una manera sucinta, las discontinuidades que se han presentado con la noción de padre a lo largo de la  historia.
En los comienzos de la cultura occidental, la situación del padre era bastante diferente a la actual. Ser padre no remitía a un hombre que procreaba un hijo con una mujer, sino que señalaba una figura social, una función jurídica y comunitaria.
En Roma, por ejemplo, el padre era aquel que reconocía jurídicamente, por medio de su palabra, a un niño como hijo suyo. Por su única voluntad podía matarlos o venderlos, ni que hablar de castigarlos. Su facultad era tan amplia que en los primeros tiempos del Imperio Romano, el padre podía disponer totalmente de los bienes de sus hijos. También tenía la facultad de abandonarlos, el hijo abandonado podía vivir junto al que lo recogiera, como hijo o esclavo. La potestad sobre los bienes de los hijos era total, ya que existía un solo patrimonio familiar donde el padre era el titular.
La Edad Media traerá algunos cambios con relación a la autoridad paterna, por un lado el padre además de transmitir bienes materiales (como ocurría en el pasado) también comienza a legar insignias simbólicas, más precisamente su apellido.  A partir del siglo XI, el padre donará a su hijo un nombre y un apellido escribiendo así una filiación.
El otro cambio fundamental que acontece en este tiempo es la influencia que la Iglesia comienza a tener. La religión católica con su poder y su legislación promoverá un cambio esencial: ya no es la voluntad propia lo que constituye a un hombre como padre, sino que lo es con relación al matrimonio. Padre será quien engendre hijos dentro del matrimonio. La condición de la paternidad así como el ejercicio de la sexualidad quedará encuadrada y reglamentada por este sacramento. Desde entonces, todo hijo nacido fuera del matrimonio se convertirá en un bastardo o sea un no―hijo.
El universo del la Edad Media se llenará de padres terrenales, de padres de la Iglesia, de Santos Papas, pero sobre todo del Santo Padre: Dios.
Lo que comenzó y se desarrolló en la Edad Media se establecerá de manera definitiva en los siglos XVI, XVII y XVIII.  El padre aparecerá sosteniendo la autoridad en la familia, pero también como representante de Dios. Para el cristianismo, la paternidad es una investidura que le otorga un poder avalado por Dios. El padre quedará asociado a una función sagrada; convirtiéndose en portador de su palabra.
El cambio radical a este modelo se consolidará el 21 de enero de 1793 con la revolución francesa.
La guillotina terminará con un modo político y social de gobernar el Estado, pero también con una forma de concebir la paternidad. El padre, a pesar de conservar prerrogativas perderá su lugar de rector y de comandante supremo y pasará a ser un personaje limitado por leyes. El Estado se erigirá, entonces, como juez, guía y garante ya no del padre sino de los hijos; ya no velará por los derechos del padre sino por sus obligaciones.
Una nueva sociedad surge, transformando la forma de vida. Balzac lo escribe claramente: “Cortando la cabeza del Rey, la República ha cortado la cabeza de todos los padres. No hay más familia hoy, sólo hay individuos”.
A partir del siglo XIX, el padre ya no responde, es la autoridad estatal quien velará porque el padre cumpla sus deberes y sancionará sus excesos y carencias.
El siglo XX, con las guerras mundiales, traerá padres degradados, padres arrancados de sus labores y de sus  hogares para partir al frente de batalla. Lo presente será la ausencia. Además de las guerras, del capitalismo extremo surgirán padres marcados por exilios económicos y políticos, los campos quedan vacíos de padres y las ciudades se llenan de hombres solos  buscando una oportunidad para sus familias.
Todas estas cuestiones del siglo produjeron una nueva figura del padre: un padre ausente.
El mito edípico, que representa a la figura del padre como encarnando la ley, cuya palabra podía prohibir y distribuir, restablecer una ley sobre el goce, ya no funciona como modo de situar una prohibición. Psicoanalistas lacanianos franceses en los años noventa y actualmente algunos analistas argentinos plantean que la defección estructural de la figura del padre ha generado marcados trastornos en la estructura subjetiva individual y en el imaginario social que se evidencian a través de la aparición en demasía de algunos de los siguientes fenómenos clínicos: 
Un aumento considerable de las patologías del goce como las adicciones, los trastornos alimenticios y las actuaciones delictivas, hablarían de la carencia de una palabra paterna ordenadora que imponga los límites subjetivantes.
 Un incremento de las conductas impulsivas en las diferentes estructuras clínicas, que reflejaría una impunidad surgida como efecto de la falta de un orden legal.


 Un aumento de las manifestaciones perversas, es decir, actitudes que implican la recusación de la ley sea a través de su desafío.

 No es menor tampoco, cómo los fenómenos de violencia y terrorismo se han incrementado de una forma alarmante, verdadera “violencia del ello”  al decir de Zizek[2].

 El avance de nuevas formas de agrupamiento: sectas, bandas, tribus urbanas. Estas nuevas formas de lazo social marcarían una crisis de lo simbólico ya que el padre que procuraba garantizar, parece desdibujarse.

El padre en Freud
Freud trabajó en “la interpretación de los sueños”[3] la relación con su propio padre Jacob. Un incidente, banal pero traumático, es recogido en ese texto como uno de los acontecimientos que más marcaron su vida.
Un día cuando paseaban juntos, su padre quiso demostrarle que los nuevos tiempos eran mejores que los suyos, narrándole un incidente de su propia juventud cuando paseaba por la ciudad. “Llevaba un lindo traje con un gorro de piel nuevo sobre la cabeza. Vino entonces un cristiano y de golpe me quitó el gorro y lo arrojó al barro exclamando: ‘¡Judío, baja de la acera!’ le contó Jacob. ‛¿Y tú qué hiciste?’ ( preguntó Sigmund). ‛Me bajé a la calle y recogí el gorro’, fue su resignada respuesta.
Esto no me pareció heroico de parte del hombre grande que me llevaba a mí, pequeño, de la mano”.[4]
A esa escena, que le disgustaba, el pequeño Sigmund opuso otra, más adecuada a sus aspiraciones: el episodio histórico en el cual Amílcar hizo jurar a su hijo Aníbal que lo vengaría de los romanos y defendería a la ciudad de Cartago hasta la muerte. “Cuando estudiamos las Guerras Púnicas –escribe―, mi simpatía no estaba con Roma sino con los cartagineses”. Más adelante, vuelve a señalar: “La escena de Amílcar haciendo jurar a su hijo, ante el altar doméstico, odio eterno a Roma, me impresionó por su fuerte carga simbólica. Aníbal siempre tuvo un lugar entre mis fantasmas”.[5]
La resignación de su padre por la ofensa sufrida le produjo una tristeza al creador del psicoanálisis que duró toda su vida. Varios historiadores del psicoanálisis piensan que la creación freudiana no sería otra cosa que el producto del esfuerzo de Freud por superar la humillación sufrida por su padre.
En el trabajo clínico Freud llegó a confesar que muchas veces actuaba como "demasiado padre". El caso Dora es un claro ejemplo ya que los problemas técnicos de Freud se debieron, en este caso, a que nunca pudo analizar la cuestión del padre.
El universo freudiano está lleno de padres: el asesinado en “Tótem y Tabú”[6]; el seductor en “Dora”[7], el fantasmático en “Pegan a un niño”[8], el impotente en Juanito, hasta el forcluído en “Schreber”[9].
Todos padres demasiados presentes en sus fallas desde la cotidianeidad…
El padre en Lacan
“Bart: ¡Papá!

Homero: ¿Parece que hay un problema oficiales?

Bart: Diles que me desafiaste a hacerlo.

Oficial de policía: Si eso es cierto, el padre tiene la culpa, no el hijo.

Homero: ¿Y qué me puede pasar si es mi culpa?

Oficial de policía: Asistirá a una clase de paternidad de una hora

Homero: ¡Fue idea suya! ¡Esta fuera de control! se lo aseguro, ¡estoy desesperado!

Oficial de policía: Te veré en la corte, niño.

Homero: ¿Oye, qué te pasa?
Bart: ¿De verdad quieres saberlo?

Homero: Claro que sí. A qué clase de padre no le importaría... ¡Un puerco con sombrero!”.[10]

El universo del padre, desde la teoría lacaniana también estará lleno de padres fallidos y carentes pero respecto a su función, ya que lo simbólico nunca puede abarcar totalmente lo real. Este cambio será fundamental pues no se tratará de una historia empírica del padre, sino de una evidencia estructural.
Si desde el origen el padre está castrado, entonces la castración no puede tener su inicio en el padre. La castración es definida por Lacan como una operación real, introducida por el significante que determina al padre y da como resultado la causa del deseo. A partir de esta formalización el padre queda designado como S1, significante amo que, en cuanto tal, es pura función lógica vaciada de lo mítico.
El padre intervendrá, a partir de esta concepción, desde tres lugares diferentes: desde lo imaginario, lo simbólico y lo real.
Las estructuras clínicas: neurosis, psicosis y perversión constituyen las diferentes respuestas que se anudan en el sujeto a partir de la intervención paterna.
El padre imaginario se trata de una construcción que el sujeto erige de manera fantasmática y con poca relación con el padre tal como es en la realidad. A él se refiere toda la dialéctica: la de la agresividad, la de la identificación y la de la idealización, a través de la cual el sujeto accede a la identificación con el padre.  Aparecerá imaginariamente como el padre que privó al niño de la madre.
El padre simbólico es universal y no hace referencia a una persona sino a una posición o función. Lacan la nombra como función paterna y consiste en imponer la ley y regular el deseo. El padre simbólico no necesariamente necesita de alguien para encarnar su función. La misma puede ser ejercida de una forma más o menos velada por cualquiera.  
Hasta un padre desfalleciente en la realidad podría eventualmente asumir, en tanto representante, su voz y hacerla valer.
El padre real no es claramente definido por Lacan, pero se trata del agente que realiza la operación de la castración simbólica. Puede despejarse de este modo que se trataría del de la realidad familiar, del que tiene sus particularidades, sus elecciones, pero también sus dificultades propias. Según Joel Dor[11], el padre real se presentaría como un “diplomático”, en el sentido de alguien que representa a su gobierno ante el extranjero a fin de asumir la función de negociar todas las operaciones correspondientes.
Esto no deja de ser un problema ya que, a diferencia del padre simbólico que es universal, esto se trataría siempre de lo singular. ¿Bajo qué condiciones, entonces, se encarna esta función? Cuando el padre real se identifica totalmente con el nombre del padre se pueden introducir grandes perturbaciones en la estructuración psíquica, que en algunos pueden llegar a la psicosis. El caso de Schreber, en este punto, es paradigmático.
Lacan  trabaja el problema de la carencia paterna, situando que el padre no sólo sería el Nombre del Padre sino realmente un padre que asume y representa en toda su plenitud esa función simbólica, encarnada, cristalizada en la función del padre.
La función del padre real no es representar la ley sino articular el deseo del sujeto con la ley; servir de apoyo y estímulo al hijo de modo que su deseo se despliegue en formas aceptables de transgresión a la ley.
El padre siempre en algún aspecto es un padre discordante en relación con su función. Existiendo siempre una discordancia extremadamente neta entre lo percibido por el sujeto a nivel de lo realidad y esta función simbólica... "En esa desviación reside ese algo que hace que el Complejo de Edipo tenga su valor de ningún modo normativizante, sino generalmente patógeno".[12]
En el análisis de “Juanito”, por ejemplo, Lacan desarrolla su análisis a partir de la carencia paterna. Lo que demuestra Lacan en el seminario 4 es que el padre de Juanito estaba allí e intentaba cumplir con la función de padre, pero a medias, lo que dificultó a Juanito dar el salto definitivo al orden de lo simbólico, quedando atrapado, de cierta forma, en un mundo imaginario.
Pere―versión
“Homero: Bart...Hijo...
¿Crees que tendrías corazón como para darle a tu tonto padre otra oportunidad?

Flanders: Me parece hijo que tu padre dice, que quiere pasar sus últimos minutos contigo.

Bart: ¡No! No puedo hacerlo.
Quiero un padre que sea el mismo por la mañana que por la noche.
        ¿Cómo se dice?

Hijos de Flanders: Consistencia.

Bart: Gracias, perdedores.
Lo siento, Homero.

Homero: Tú llevaras la bomba.

 Bart: Somos tal para cual”.[13]
(Parten hijo y padre en una moto)
Si bien el Nombre del Padre funciona independientemente de su encarnadura, el cómo esté encarnado tiene sus consecuencias para el sujeto.
Un padre no se sostiene por sí solo por más padre que se crea. Es desde la madre como desde el hijo, que se demanda un padre,a condición de servirse de él”, dirá Lacan. Pero, ¿cómo es servirse de él? No se trata de respetarlo, es preciso amarlo. En ese punto el psicoanalista francés es terminante. Este amor asegura una unión que protege al sujeto de volver a quedar capturado por la madre.
Esta función no puede ser sino fallida; de todos modos hay distintos modos de fallar y aunque todos ellos son resultado del mismo fundamento, depende de cómo se sitúe el padre frente a su propio Edipo. A todas estas "fallas" las podemos denominar Pere-versión.
Pere-versión, versión de padre perverso. La Pere-versión es un resto del padre real (agente de la castración), lo que quedará de su incidencia como padre en la realidad, lo que quedará de ese goce que excede lo inherente a su función. No importa si hace demasiado o no como padre, siempre necesariamente va a haber un exceso a su función.
La Pere―versión, por tanto, no dejará de ser una consecuencia de la operación de la metáfora paterna, un efecto natural del trayecto edípico.     

La función paterna desde el punto de vista de Homero Simpson

“Bart: En caso de que falle, perdón por decir que desearía que no fueras mi padre.
Homero: No te culpo, hijo. Tampoco fui buen padre. Tal vez sea por la forma en que mi padre me crió.
Si... por fin me queda claro.
Es solo un largo e ininterrumpido ciclo...”[14]

Homero Simpson representa la paternidad perdida en la actualidad, esa autoridad que ya no está claramente definida. Homero carece de todo interés espiritual e intelectual. Dedica la mayor parte de su tiempo a mirar televisión, comer y beber. No representa de la mejor manera el papel de padre: despreocupado de la vida en general y de sus hijos en particular. Simplemente obedece sus impulsos. En definitiva, un padre con serias dificultades de encarnar la función paterna.
Encarnar la función, difícil tarea para un hombre, mucho más para Homero Simpson, atrapado en una posición de hijo más que de padre. Sin embargo, más allá de sus falencias logra transmitir una forma de gozar a Bart.
Bart no necesita demasiada presentación; hijo varón, rebelde, pícaro y desobediente. Por momentos sorprende por su sentimiento de vacío interior; por su profunda tristeza que intenta tapar con transgresiones.
La película muestra a Bart en plena crisis con relación a su padre Homero, la entrada en la adolescencia reaviva su conflicto. “Quiero un padre que sea el mismo por la mañana que por la noche”, dice Bart. Consistencia de padre reclama, algo que difícilmente Homero pueda dar.
Bart se acercará a Flanders y a la religión como forma de buscar algo de consistencia paterna.
Al huir de la ciudad (por culpa de Homero) pierde eso, que en ese tiempo, sostenía su pregunta: Flanders.
El exilio produce un cambio en la conducta del adolescente: se vuelve alcohólico y deprimido. El nudo dramático de la película navega por esta cuestión: ¿qué es ser padre?
Es claro que a Homero le es muy difícil ocupar el lugar de Páter-familias, dificultad que le viene dada la imposibilidad de asumir su condición de padre; sin embargo eso no quiere decir que no pueda encarnar su función.
En la escena final, cuando le pide a su hijo que lo acompañe a salvar la ciudad, Bart responde “somos tal para cual”. El salvar Springfield pone las cosas en orden para Homero, para su esposa March y sobre todo para su hijo. Bart deja a Flanders y parte con su padre.
Eric Laurent en su texto “La familia moderna”[15] apunta que una familia, entendida en términos psicoanalíticos, sólo puede ser digna y respetable mientras otorgue un lugar particular al nuevo ser que le permita construir su subjetividad por medio de la excepción. Porque el sujeto es, en tanto lo caracteriza un rasgo excepcional, un modo particular de goce. Bart da prueba de ello.
No se trata de respetar al padre, es preciso amarlo. Este amor asegura una unión que protege al sujeto de volver a quedar capturado por la madre. El trabajo de separación en torno al Otro del goce materno, se encuentra sostenido en la eficacia o no de la función paterna y de la que el sujeto debe poder servirse.
En torno a la función paterna se pueden ubicar dos dimensiones del padre; una, donde lo que aparece es el padre de la ley que prohíbe y ordena, el padre que dice “no”, y otra, central en torno a la salida, en ésta el padre dice “sí”, no a cualquier cosa, sino a una invención del sujeto. Se trata de un padre que habilita, uno que introduce al deseo. Del padre que puede reconocer el valor de lo que el joven ha encontrado para arreglárselas con lo real, para darse una nueva forma en el mundo.
Bart estaba a la deriva, deprimido y alcoholizado como única forma de soportar su existencia, buscando a un padre como Flanders, pero lejos del personaje que todos conocemos: exultante y trasgresor. No deja de ser revelador que en el momento que aparece Homero con la solución para su vida, Bart estaba esperando… su muerte.
El acontecimiento de salvar Springfield  y el reencuentro con su padre tiene un sentido para Bart: es un Simpson y no un Flanders. Algo de lo simbólico, efectivamente, transita para él.
Finalmente se siente perteneciente a un linaje, a una familia. La depresión desaparece.
Homero, al final, en la moto y con la bomba es el único que puede salvar la ciudad: detenta la potencia y el uso legítimo del falo para Bart. Homero propone a su hijo hacerse cargo de la bomba, de ese objeto brilloso. El padre “interviene en el tercer tiempo ― dice Lacan ― como el que tiene el falo y no como el que lo es, y por eso puede producirse el giro que reinstaura la instancia del falo como objeto deseado por la madre, y no ya solamente como objeto del que el padre puede privar”. [16]
Bart lee que la madre dirige la mirada hacia Homero (padre). ¿Que desea la madre? No es Homero en sí, sino lo que porta éste (falo). El padre no aparece solamente como el que puede dejar a la madre sin su objeto, sino que reinstaura y eleva al falo al rango de objeto universalmente deseable. Es decir que él también lo desea.  El “somos tal para cual” muestra el deseo de inscripción en una cadena generacional, de inscripción en un orden serial y en una genealogía.
Homero, más allá de excesos y carencias, puede encarnar la función. “Somos tal para cual” no deja de ser la respuesta a ese enigma.


[1]“Los Simpson: la Película”, producida por Gracie Films y 20th Century Fox

[2] Zizek, S., “La suspensión política de la ética”. Ed. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2005.
[3]Freud, S., “Obras completas”, Tomo IV, ED. Amorrortu, Bs As, 1990, pág. 181

[4] Freud, S., “Obras completas”, Tomo I, ED. Amorrortu, Bs As, 1990, pág. 181
[5] Idem
[6] Freud, S., “Obras completas”, Tomo XIII, ED. Amorrortu, Bs As, 1990
[7] Freud, S., “Obras completas”, Tomo VII, ED. Amorrortu, Bs As, 1990
[8] Freud, S., “Obras completas”, Tomo XVII, ED. Amorrortu, Bs As, 1990
[9] Freud, S., “Obras completas”, Tomo XII, ED. Amorrortu, Bs As, 1990
[10] “Los Simpson: la Película”, producida por Gracie Films y 20th Century Fox

[11] Dor, J., “El padre y su function en psicoanálisis”, ED. Nueva Visión, Bs As, 1991
[12]Lacan, J., Seminario 4: “La relación de objeto”, ED. Paidós, Barcelona, 1994, pág. 367
[13] “Los Simpson: la Película”, producida por Gracie Films y 20th Century Fox

[14] “Los Simpson: la Película”, producida por Gracie Films y 20th Century Fox

[15] Laurent, E. “La familia moderna”, Revista Registros, Bs As, 1994
[16] Lacan, J. El seminario 5: “Las formaciones del inconsciente”, Ed. Paidós, Barcelona, 1999, pág. 199-200.



El cisne negro: retrato de un desencadenamiento

No se vuelve loco quien quiere sino quien puede. Esto es lo que nos podría decir Nina Sayers la bailarina de ballet magníficamente interpretada por Natalie Portman en Cisne Negro.
La película ilustra lo que sucede cuando un acontecimiento particular irrumpe en la vida de una persona de tal modo que los referentes simbólicos que tiene para enfrentarlo no sirven más.
Nina era una niña-mujer, atrapada en un mundo del baile y en la asfixia de su madre. Vivía entre ensayos y en un cuarto de niña con muñecas y una sumisión extrema a su madre. Esta pre-historia, por decirlo de alguna manera, de sus psicosis, muestra cierto equilibrio, Nina podía sostenerse en esta “niña-objeto” que hacía lo que su madre quería. Si bien era una mujer extraña, introvertida y bastante poco sociable nunca había dado muestras de un desequilibrio emocional.
La madre (bailarina frustrada) había dejado el ballet al quedar embarazada.
Trunco su sueño de trascender como bailarina clásica, abocó todas sus energías en su pequeña hija. Esto esalgo que siempre está presente entre ellas, y se lo hace saber con palabrasdulces. No tiene otro interés en la vida sino su dedicación a Nina. Del padre no se sabe nada.
Su madre es todo. Este es un dato esencial ya que indicaría que Nina está atrapada en el fantasma de la madre.

Colocada como objeto petrificado: obediente, robotizada y sin excesos.
Sin embargo este “equilibrio” se va a romper cuando surge la posibilidad de protagonizar la obra “El lago de los cisnes”. Esto enfrenta a Nina, por primera vez, a una contingencia diferente.
El protagónico del “Lago de los cisnes” requiere de una bailarina con la suficiente ductilidad para poder interpretar un doble papel, el de Odette-Odile, uno de los más arduos del repertorio del ballet, pues desde el punto de vista dramático requiere la ingenuidad y la pureza del cisne blanco (Odette), y la fascinación provocativa y salvaje de Odile (el cisne negro). El doble papel ha sido generalmente interpretado por la misma bailarina debido a que el libreto exige gran parecido físico entre ambas mujeres, pero muchas veces tiene que ser interpretado por dos bailarinas diferentes debido a la complejidad que encierra.

En el período de ensayos Nina no tiene problemas con el rol del Cisne blanco, su técnica pura, y su destreza son ideales para el rol. Sin embargo eso no le alcanza para el cisne negro ya que carece de la sexualidad necesaria. La feminidad, pero particularmente el llamado a la sexualidad, es algo desconocido para Nina, y el cisne negro contiene ese lado de la mujer que falta en ella. Los problemas comienzan a surgir. Intenta asimilar algo de la feminidad de Lily (su rival) y de la bailarina retirada Beth MacIntyre a quien sustituye en el rol de preferida. De esta última sustrae objetos característicos de la identidad femenina, lápiz labial, etc., que son maniobras para obtener una identidad de mujer que solo es imaginaria. A falta de sostén simbólico que le otorgue la inscripción del Nombre del Padre en el lugar del Otro. Nina se sostiene, precariamente, en las “muletas Imaginarias”, procesos identificatorios que funcionan casi por imitación.

Nina no puede sostener con su cuerpo a la mujer puesto que no tiene cuerpo, por eso tampoco tiene sexualidad, ni puede sostener el deseo de un hombre como se lo pide Thomas:

“Director: –En cuatro años, cada vez que bailas te he visto obsesionada para que cada movimiento sea perfecto, pero nunca he visto descontrolarte. ¡Nunca! ¿Para qué tanta disciplina?
Nina: –Sólo quiero ser perfecta.
Director: –Tú, ¿qué?
Nina: –Quiero ser perfecta.
Director: –La perfección no es sólo acerca del control. Lo que quiero es que te sueltes. Sorpréndete a ti misma para que puedas sorprender a la audiencia.”

La técnica no le interesa a Thomas Leroy, el director de la compañía. La técnica, la perfección, es elideal que sostiene el armazón de Nina. “Lo que quiero es que te sueltes”, frase que resume un conjunto de elementos fuera de sus posibilidades, porque la enfrenta a lo que carece de su estructura.
Nina pudo mantenerse encapsulada en la imagen que le brindan otros, sin delirar por mucho tiempo. Años de estar en la compañía lo demuestran. Su madre y la posición de hija oficiaron como una suerte de referente que articulaba y ordenaba los aspectos más primarios de su ser. La relación en espejo puede sostenerse en algunos pre-psicóticos, hasta el día que no logra hacerlo más. Ese no poder sostenerse más está dado en su historia por el papel del cisne negro, la aparición de una rival, pero sobre todo la aparición de un-padre. Lacan plantea que “para que la psicosis se desencadene es necesario que el Nombre-del-Padre, precluido, es decir sin haber llegado nunca al lugar del Otro, sea llamado allí en oposición simbólica al sujeto. Es la falta del Nombre-del-Padre en ese lugar la que, por el agujero que abre en el significado, inicia la cascada de los retoques del significante de donde procede el desastre creciente de lo imaginario, hasta que se alcance el nivel en que significante y significado se estabilizan en la metáfora delirante.
Pero ¿cómo puede el Nombre-del-Padre ser llamado por el sujeto al único lugar de donde ha podido advenirle y donde nunca ha estado? Por ninguna otra cosa sino por un padre real, no necesariamente por el padre del sujeto, por Un-padre.
Aún es preciso que ese Un-padre venga a ese lugar adonde el no ha podido llamarlo antes. Basta para ello que ese padre se sitúe en posición tercera en alguna relación que tenga por base la pareja imaginaria a-a, es decir yo-objeto o ideal realidad, interesando al sujeto en el campo de agresión erotizado que induce. Búsquese en el comienzo de la psicosis esta coyuntura dramática”. (Lacan)
Para Lacan el denominador común en el desencadenamiento, tiene que ver con el encuentro con Un-Padre; que se introduce en una situación dual de rivalidad, encarnado en una figura paterna, no es el padre simbólico, sino un elemento real, aislado, desconectado, que surge fuera de lo simbólico. Jean Claude Maleval plantea que siempre se pude distinguir la emergencia de Un-Padre real en los comienzos de una psicosis.
Thomas Leroy, como director, se ubica en un lugar paterno, desplazando a la madre. Nina se angustia cuando sele exige sostener su opinión o asumir responsabilidades, “suéltate” o “deja la técnica de lado” van en esa dirección. Frente al “quiero ser perfecta” Thomas le exige que se masturbe. Le ordena cómo gozar a Nina de su cuerpo. Nina queda a merced de un goce Otro que recorre su cuerpo de forma pulsante, algo insoportable para ella.
La perfección parece ser el único sostén imaginario de Nina. Al fallar, el equilibrio se despedaza y deja de funcionar. La identificación según la imagen lo deja en la incertidumbre y el desasosiego, ya que no hay red simbólica que la amortigüe. Lacan atribuye a la pre-psicosis una fenomenología muy precisa: la perplejidad y los fenómenos de franja.

La perplejidad
En la perplejidad se trata de una incapacidad para dar una significación, así como un mutismo de relatar la experiencia.
La perplejidad es el momento de confrontación con un puro agujero, donde el sujeto no entiende nada, está absorto. La perplejidad aparece ante la pregunta formulada por la falta de significante, que pone en tela de juicio al conjunto del significante. El sujeto tiene la sensación de haber llegado al borde del agujero. En Nina es muy claro como aparece esto, comienza a vivir situaciones extrañas y enigmáticas.
Un movimiento inexorable y una inestabilidad emocional que oscila entre el terror y el maleficio se apoderan de ella. Nina se encuentra perseguida por su propia imagen vestida de negro. El cisne blanco y negro, se disocian en dos mujeres, ella y esa “otra”, ella misma, diabólica y sensual que aparece en la alucinación. 

Los fenómenos de franja
Los primeros fenómenos que surgen en el desencadenamiento son los Fenómenos de Franja. Estos indican que algo se han puesto en marcha, aún antes del cataclismo imaginario y de la cascada de significantes. Nina empieza a percibir sonidos extraños como ruidos, carcajadas y risas (llamado en psiquiatría “espuma en la voz”). El film se puebla de una alteración fina, penetrante, que lo envuelve todo en una luz misteriosa y aterradora. Nina intenta dar un sentido a esas alucinaciones llamadas extracampinas (“ve” algo por detrás suyo, fuera del campo visual).
Atrapada en una experiencia aguda y desgarradora de lo real que desborda los límites de la realidad cuando ningún Otro (delirante o no) viene a mediar.

Maleval plantea Los fenómenos defranja son situados por Lacan en dos momentos estructuralmente definibles: el de la pre-psicosis –antes de que el Otro tome la iniciativa– que es la fórmula del desencadenamiento mismo que da Lacan en el Seminario III, y el del alejamiento o la desaparición del Otro durante la psicosis y desencadenada. Hay que tener en cuenta que el Otro del delirio no está desde el comienzo de la psicosis, y que además su presencia es discontinua. Por eso el fenómeno de franja, en la medida en que ataca la trama del delirio, lleva al psicótico a la experiencia más aguda, mas desgarradora también, de lo real que desborda los límites de la realidad cuando ningún Otro (delirante o no) viene a mediar.

El desencadenamiento de la psicosis
Hay tres momentos de las variaciones de la estructura psicótica:
a. Un tiempo de Forclusión del Nombre del Padre, pero sin psicosis a. clínicamente desencadenada (podrá permanecer “previa” durante toda la vida).
b. Un tiempo de desencadenamiento.
c. Una resolución por el lado de una estabilización a partir del desencadenamiento.

Tres tiempos en la vida de Nina, el primero que podemos situar como las identificaciones puramente conformistas donde ella instalada en una pre-psicosis, donde está estabilizada en la posición niña-bailarina secundaria. Un segundo tiempo que podemos nominar como una fase pre-psicótica donde la perplejidad y los fenómenos de franja dominan la escena. Este tiempo de fase pre-psicótica aparece en la mayoría del film.
Y por último un tiempo de estabilización en una metáfora delirante, por la vía del delirio. Freud hablaba del trabajo del delirio, como restitutivo de las relaciones de un sujeto con el mundo. La metáfora delirante es entonces uno de los modos de estabilización, de restitución de las relaciones entre el sujeto y el Otro. Y permite abrochar una significación –no fálica– y encontrar un sentido donde alojarse el sujeto. Esto es tan importante que, de no lograrse, un sujeto sufriría una dispersión al infinito, una disgregación que lo expulsaría de las posibilidades de conectarse con el mundo, de establecer lazo social, de anudar algo en la estructura. En Nina el período de estabilización falla y se produce el pasaje al acto.

La perplejidad y los fenómenos de franja dan lugar a una certeza que se instala por el lado de la transformación de su cuerpo. Ella se convierte en el cisne negro, no hay un como sí, es definitivamente un cisne negro. Pequeñas plumas comienzan a surgir de su cuerpo. Luego sobrevienen las vivencias de fragmentación del cuerpo, como las piernas que se parten y deforman. Se identifica al cisne negro y, al final, con el acto de su muerte, dice sus últimas palabras: “fue perfecto”. Nina hace un pasaje al acto, se suicida. Solo en la muerte encontrará la paz.

Referencias
Black Swan (Cisne negro) 2010 dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Natalie Portman, Vincent Cassel y Mila Kunis. Portman fue ganadora del Óscar, el Globo de Oro y el Premio de la Asociación de Críticos y Guionistas estadounidenses por su actuación en este filme.
Lacan J., 1958. “Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”.
Maleval, J.,  2000, “La forclusión del nombre del padre”.

Sobre la música y el nuevo fenómeno musical Jordan Smith


La música es una experiencia de lo real, que nos golpea y emociona de una manera indescriptible. La música tiene la particularidad que no podemos muchas veces atarlas a un sentido y nos invade en un registro que escapa a lo simbólico.
En estos días surgió una voz singular del programa The Voice, Jordan Smith. Un cuerpo extraño para una voz angelical. El muchacho de 21 años arrasó en las visitas en youtube y en la descargas de Itunes. De la noche a la mañana se convirtió en una mega estrella desplazando del primer lugar a la omnipresente Adelle en los Estados Unidos.
La voz de algunos intérpretes parece tener vida propia, se asemejan a un instrumento que sale de su propio cuerpo. Sueltan la voz y logran separarse de ella, aquello donde lo indecible toca lo más real como imposible de representar.
Solo algunos poseen ese don.
Miquels Bassols describe esto como “una voz áfona, una voz indecible en el registro del significante, una voz que permanece en el registro del “sileo”, del silencio tan absoluto como ensordecedor que anida en el ombligo de la estructura del lenguaje, ombligo que insiste y se repite como lo más real e imposible de representar.”
Jordan Smith es eso: una voz que escapa al sentido.
En una de las galas, este jovencito junto a la no menos talentosa Regina Love, lograron  brindar el momento sublime de la temporada al interpretar el tema Like I Can.
Dos cuerpos grandes, con poca destreza para los requerimientos coreográficos de la actualidad musical, pero que sin embargo, nos regalan una actuación memorable, gozosa. Donde los cuerpos se transforman en panteras, en dragones, en amantes que se aparean salvaje y suavemente.
Una danza de cuerpos imperfectos, que sincronizan de una forma indescriptible. Mirada y voz, se engarzan en una sincronía llamativa y permiten, nos permiten, disfrutar, conectarnos a eso tan sublime y tan inexplicable como lo que genera la música.https://www.youtube.com/watch?v=hcNvyQIzE6s

Los niños no atienden pero hablan, ¿los escuchamos?


Quiero plantear algo que me preocupa mucho. Tanto como nos puede preocupar el cambio climático, la contaminación, se trata del aumento dramático del llamado trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
Los niños han cambiado, el mundo ha cambiado, cuando yo tenía siete años iba a una escuela en plena dictadura, allí la directora tenía potestades, hoy descabelladas. Una de ella era maltratar físicamente a los alumnos, zarandearlos, como forma de marcar una sanción. Había un castigo sobre lo que había que hacer, y ese castigo se ejercía con violencia física y psicológica.
Hoy el castigo físico no existe, o por lo menos está sancionado legalmente. Hoy el castigo viene del lado técnico, se los manda al psiquiatra o al psicólogo.

Algunos datos para entrar en el problema:
El DSM IV[1] define al trastorno por déficit de atención con hiperactividad como:
“un patrón persistente de desatención y/o hiperactividad-impulsividad, que es más frecuente y grave que el observado habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar. Algunos síntomas de hiperactividad-impulsividad o de desatención causantes de problemas pueden haber aparecido antes de los 7 años de edad”.
Las características que plantean, tienen que ver con dos indicadores concentrados en la falta de atención y en la hiperactividad:

Desatención
(a) no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades
(b) tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas
(c) parece no escuchar cuando se le habla directamente
(d) no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender instrucciones)
(e) tiene dificultades para organizar tareas y actividades
(f) evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos)
(g) extravía objetos necesarios para tareas o actividades (p. ej., juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros o herramientas)
(h) se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes
(i) es descuidado en las actividades diarias
Hiperactividad
(a) mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento
(b) abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado
(c) corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud)
(d) tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio
(e) suele actuar como si tuviera un motor
(f) habla en exceso
Impulsividad
(g) precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas
(h) tiene dificultades para guardar turno
(i) interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (p. ej., se entromete en conversaciones o juegos)
-¿Quién no se ha identificado con algunos o algunos de estos ítems?-
Vamos a mostrar un esquema en el cual, partiendo de cualquiera de los elementos del llamado TDAH, se puede llegar a otros com­ponentes del cuadro, que se van encadenando, para dar origen a otros efectos o síntomas, en muchos casos secundarios


Si bien no hay un ranking sobre el TDAH en el mundo hay entre un 5 y un 10 % que está diagnosticado con este trastorno, en Uruguay el MSP habla de un 15 % y un estudio reciente de la Universidad a cargo de la Doctora María Noel Míguez[1] concluyó que hay cerca de un 30% de niños medicados por este tema. En Uruguay viven aproximadamente 700000 niños entre 3 a 15 años. Si tomamos el dato del 30% que plantea uno de los estudios, tenemos que sea cerca de 210000 esta diagnosticado por un TDAH (Déficit de la atención con hiperactividad).
Por día nacen más o menos 130 niños, por tanto en el correr de mi charla por lo menos un niño va a ser diagnosticado con este trastorno.
Mal diagnosticado, mal tratado, mal medicado, el niño desarrolla trastornos caracterológicas o conductuales de segundo grado, que complican los que ya tenía, suplementándolos, agravando por añadidura el pronóstico, ya que no es lo mismo una intervención temprana adecuada que una intervención ade­cuada
¿Cómo se combate este trastorno?
Gran parte de los especialistas que trabajan en el tema desde la línea biologisista, sostienen que el TDAH se transmite genéticamente y que el diagnóstico corresponde cuando el problema está en el niño y no en el ambiente social o educacional. A diferencia de la contaminación y el calentamiento global según esta lectura no es un problema de todos sino que le pertenece al niño en exclusividad. Estos especialistas acuerdan en que la causa es orgánica y actualmente las investigaciones farmacológicas sugieren la existencia de anormalidades en la función de los neurotransmisores, una alteración en los receptores de dopamina. Va de suyo que por su definición causal, esta "enfermedad" queda dentro del campo de la medicina. La cura propuesta es a través del suministro de psicofármacos como el caso del Metilfenidato.
El metilfenidato es un estimulante del sistema nervioso central. Su mecanismo de acción en el ser humano no se ha dilucidado por completo, pero se presume que ejerce su efecto estimulando el sistema activador del tronco cerebral y la corteza. Científicamente, aun no se ha determinado claramente el mecanismo por el que el fármaco produce sus efectos sobre la mente y la conducta de los niños, pero los estudios empíricos concluyen que el metilfenidato logra que el sistema nervioso priorice la información, mejorando el paso de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores comprometidos con la función de atender) entre las neuronas.
En nuestro país pasó de de casi un kilo en 2001 a casi 20 Kilos en 2010, algo que parece disparatado, ya que con estos números tenemos que estar hablando de una pandemia.

Si bien no hay un ranking sobre el TDAH en el mundo hay entre un 5 y un 10 % que está diagnosticado con este trastorno, en Uruguay el MSP habla de un 15 % y un estudio reciente de la Universidad a cargo de la Doctora María Noel Míguez[1] concluyó que hay cerca de un 30% de niños medicados por este tema. En Uruguay viven aproximadamente 700000 niños entre 3 a 15 años. Si tomamos el dato del 30% que plantea uno de los estudios, tenemos que sea cerca de 210000 esta diagnosticado por un TDAH (Déficit de la atención con hiperactividad).
Por día nacen más o menos 130 niños, por tanto en el correr de mi charla por lo menos un niño va a ser diagnosticado con este trastorno.
Mal diagnosticado, mal tratado, mal medicado, el niño desarrolla trastornos caracterológicas o conductuales de segundo grado, que complican los que ya tenía, suplementándolos, agravando por añadidura el pronóstico, ya que no es lo mismo una intervención temprana adecuada que una intervención ade­cuada
¿Cómo se combate este trastorno?
Gran parte de los especialistas que trabajan en el tema desde la línea biologisista, sostienen que el TDAH se transmite genéticamente y que el diagnóstico corresponde cuando el problema está en el niño y no en el ambiente social o educacional. A diferencia de la contaminación y el calentamiento global según esta lectura no es un problema de todos sino que le pertenece al niño en exclusividad. Estos especialistas acuerdan en que la causa es orgánica y actualmente las investigaciones farmacológicas sugieren la existencia de anormalidades en la función de los neurotransmisores, una alteración en los receptores de dopamina. Va de suyo que por su definición causal, esta "enfermedad" queda dentro del campo de la medicina. La cura propuesta es a través del suministro de psicofármacos como el caso del Metilfenidato.
El metilfenidato es un estimulante del sistema nervioso central. Su mecanismo de acción en el ser humano no se ha dilucidado por completo, pero se presume que ejerce su efecto estimulando el sistema activador del tronco cerebral y la corteza. Científicamente, aun no se ha determinado claramente el mecanismo por el que el fármaco produce sus efectos sobre la mente y la conducta de los niños, pero los estudios empíricos concluyen que el metilfenidato logra que el sistema nervioso priorice la información, mejorando el paso de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores comprometidos con la función de atender) entre las neuronas.
En nuestro país pasó de de casi un kilo en 2001 a casi 20 Kilos en 2010, algo que parece disparatado, ya que con estos números tenemos que estar hablando de una pandemia.

Una de los datos más interesantes es que el aumento del consumo de la medicación se produce en el segundo trimestre del año y disminuye dramáticamente en el primer trimestre. Estos datos hablarían que en el período de clase “aumenta” en estos niños su patología y en el verano “desaparece” el déficit.
A los padres de familia rara vez se les dice que el metilfenidato se le clasifica entre las anfetaminas y que causa los mismos efectos secundarios y tiene los mismos riesgos. La Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) clasifica al metilfenidato en una alta categoría de adicción, la cual también incluye a las anfetaminas, la morfina, el opio y los barbitúricos. Diferentes estudios desaconsejan el metilfenidato en caso de niños con tics porque algunos pueden agravarse, originando una forma extrema que es el Síndrome de Gilles de la Tourette y plantean que es riesgoso en niños psicóticos pues incrementa la sintomatología. También hay estudios que confirman retardo en el crecimiento. Por esa razón los médicos que recetan Ritalina a los niños recomiendan dejar de tomar el fármaco por algún tiempo.
Un estudio[1] sobre el “Uso de metilfenidato en niños y adolescentes usuarios de servicios de
asistencia pública de Montevideo” muestra la cantidad de efectos adversos que produce:

Reacción adversa
N
%
Cefalea
36
29,0
Disminución del apetito
31
25,0
Dolor abdominal
30
24,2
Ansiedad
25
20,2
Insomnio
14
11,3
Disminución de peso
11
8,9
Palpitaciones
9
7,3
Tics
5
4,0
Aumento de cifras de PA
3
2,4


Un problema…
Cada época produce sus síntomas y, en cada época, la lectura de los mismos, el modelo de enfermedad que la medicina establece, también está determinado por factores de control social que se ejercen desde un lugar de poder del cual la institución médica depende. Los laboratorios farmacéuticos tienen tal poder: económico, de injerencia en los medios, que a veces podría pensarse que las enfermedades se definen, a partir de las especialidades químicas y no al revés. Esto se aprecia en las sucesivas modificaciones de la nosografía patológica y psicopatológica de los manuales americanos de psiquiatraría, los DSM. El desarrollo de la tecnociencia y la neurociencia se encamina cada vez más a plantearse como sabedora de la causalidad y resolución de las problemáticas más estrictamente subjetivas. Es por ello, que la hegemonía del objeto ha puesto al padecimiento subjetivo en un lugar protagonista.

Hace treinta años un director de una compañía farmacéutica multinacional Merck, Henry Gadsden,  dijo que su sueño era producir medicamentos para las personas sanas y así vender a todo el mundo. Aquel sueño parece convertirse en realidad, ya que una de las razones por las que la industria farmacéutica transnacional ha conseguido sus ganancias multimillonarias ha sido su estrategia de vender a los sanos nuevas percep­ciones sobre lo que esta enfermedad. La industria ha transformado en algunos casos molestias comunes en todo tipo de enfermedades que pre­sentan como peligrosas y para las cuales ellas tienen la solución. Como plantea Punta Rodulfo[2] para "transformar esta percepción", una primera operación consiste en desconocer radicalmente los rasgos propios de la subjetividad de un niño convirtiéndolos en patológicos.
¿Sería que antes el TDAH era una enfermedad que todavía no estaba disponible. Las personas no podían saber que podían tener eso?
Si bien asistimos a un tiempo donde el campo de la singularidad trata de ser aplastado por los manuales médicos y sus tablas de síndromes y trastornos, uniformizando una gran variedad de fenómenos clínicos dispares, no hay dudas que el problema de la atención existe. No se trata de una postura contra la medicación, es claro que muchas veces es necesaria cuando no imprescindible la administración del fármaco. El problema es que corremos el riesgo de la cronificación de la medicación como respuesta.
Cualquier síntoma psíquico implica sufrimiento. En el caso del niño, además, no está ajeno a su entorno inmediato. Muchas veces su sintomatología está directamente ligada a la angustia o inquietud de los padres. La medicación muchas veces congela definitivamente la posibilidad que ese sufrimiento psíquico pueda ser desplegado por el niño, quedando en el lugar de objeto. A veces la medicación tiende a obturar la capacidad de interrogación de los padres en torno a lo que aparece designado como sintomático en sus hijos. Su cuerpo pasa a ser objeto de la medicación, o de la aplicación de diferentes dispositivos. De esta manera se silencia su demanda mientras se cree estar aliviando un síntoma.
Cuando se medica con Metilfenidato a un niño diagnosticado con un Trastorno por Déficit Atencional con o sin Hiperactividad conviene preguntarse qué es lo que se está medicando. El metilfenidato puede producir un doble silenciamiento. Por un lado en el niño, ya que su demanda se agota en la administración del fármaco. Y por otro, el silenciamiento hacia los padres ya que quedan en una posición de no saber respecto de todo aquello que los implica en lo que le sucede a su hijo.
Cuando uno hace un rastreo de las características de este “trastorno” puede encontrarse que estas personas podrían haber sido diagnosticados como TDAH: Alexander Graham Bell, Beethoven, Salvador Dalí, Leonardo da Vinci, Walt Disney, Thomas Edison, Albert Einstein, Bill Gates, Galileo, John Lennon, Pablo Picasso, Steven Spielberg. Esto tampoco quiere decir que todos los niños que tiene TDAH serán genios.

El problema del diagnóstico
Es imposible pensar esta sintomatología fuera de un contexto histórico determinado, hoy nos enfrentamos al exceso de estímulos visuales (un mundo excesivamente imaginario), la dificultad en la organización de la estructura familiar, el desdibujamiento de roles parentales. El sujeto aparece como más patologizado y enfermo. Su entorno social ha dejado de ser un lugar de identidad, pertenencia, refugio, estabilidad, para convertirse en un enjambre de exigencias “locas” e “insaciables”. El resultado de esta operación muchas veces es la angustia. Nos enfrentamos a una época donde hay un permanente y constante empuje a la satisfacción, cuyo objeto puede variar pero no así su fin, que es el de satisfacerse.
Los niños cambiaron y se relacionan de un modo diferente al que se acostumbraba hace décadas. Y la escuela es el ámbito que más se resiente porque mientras mantiene los cánones del siglo XIX –chicos quietos en las aulas y atentos a la maestra–, los alumnos actuales reciben una estimulación permanente.
Rápido, más rápido, es la consigna de esta época. Estamos viviendo la "época de la adrenalina". Esto puede verse en los hábitos comunes, hasta en los videos juegos que estimulan a límites extremos la descarga adrenalínica. Los deportes de riesgo, la velocidad y el sobreestímulo marcan toda la vi­da cotidiana. La televisión y el video clips, etcétera. ¿Cómo estudian los niños ahora?: con una multiplicidad de estímulos, con la televisión encendida, la computadora, el celular, los videojuegos. Están conectados con varias cosas al mismo tiempo. "Atienden" en forma simultánea a diversas situaciones.
Quizás el problema lo tenemos que ubicar en la información que queremos transmitirles. Si son poco receptivos es porque sospechan que ese saber y ese sistema axiomático que les es ajeno a los que les tocan vivir.
Los cambios en los modos de percibir y asumir la ley y el debilitamiento de las investiduras que sostienen las autoridades sociales, el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación, la fragmentación y las desigualdades sociales y educativa está cambiando las forma de lazo entre nosotros. Ahora ya no necesitamos a alguien de carne y hueso frente a nosotros. Tenemos la virtualidad. Si hay algo que la serie nos deja claro es la importancia del consumo.
Familia y escuela, como instituciones, creían ser "fundadoras" de diferentes marcas generadoras de distintos tipos de lazo social.  La incidencia del consumo nunca ha alcanzado tanta intensidad. 
Si en la modernidad los padres eran los agentes de socialización prima­ria de los niños, ahora, en cambio, las computadoras, la televisión y la publicidad asumen la tarea de educarlos. Todo esto implica que los niños que ha abandonado totalmente la esfera doméstica. La familia deja pues de ser una institución para convertirse en simple lugar de encuentro de vidas privadas.
El pedagogo francés Philippe Meirieu señala tres condiciones indispensables para que un dispositivo pedagógico cumpla su función[3]:
a)       Tiene que conformarse un espacio sin amenazas.
b)       Poder constituirse en un lugar en donde el ni­ño pueda aliarse con un adulto contra todas las formas de adversidad y de fatalidad.
c)       que debe ser rico en ocasiones y estimulaciones.

Los padres modernos son parte del fenómenos que se denomina era de la medicalización de la educación, porque perdieron la confianza en sí mismos. Los padres pasan más tiempo buscando señales de traumas, baja autoestima y frustración que enseñando a convivir y a respetar a los otros.
Conclusiones:
El metilfenidato como otros fármacos muchas veces aplasta lo que el niño está expresando con su falta de atención. Y la atención es inseparable del interés afectivo que la anima.
Algunos sistemas escolares se están dando cuenta de esto y están empezando a abandonar los edificios grandes, tipo fábrica, del pasado y a favorecer lugares “pequeños y bonitos”.
Las escuelas más pequeñas tienen muchas ventajas, pero tal vez la más significativa es esta: permiten que los maestros conozcan a sus estudiantes lo suficiente como para comprenderlos y responder a sus necesidades básicas en los aspectos educativo y emocional. Los conflictos se resuelven con más facilidad ya que lo ideal sería resolverlos a través de soluciones satisfactorias para ambas partes y no a través de diagnósticos médicos y opresión farmacológica.
Algunas escuelas más pequeñas, más orientadas a los niños, han demostrado que los TDAH prácticamente desaparecen. No existe mejor evidencia que esta de la poderosa manera en que el entorno da forma al comportamiento
.
En un informe publicado en el New York Times el 14 de Julio de 1993, con el título de “¿Es mejor lo pequeño?:
"Los estudiantes que asisten a escuelas que se limitan aproximadamente a 400 estudiantes tienen menos problemas de conducta, mejor asistencia y mejores resultados al graduarse; y en ocasiones tienen mejores calificaciones. En una época en que son cada vez más los niños y jóvenes que reciben menos apoyo de sus familias, los estudiantes de escuelas pequeñas pueden formar relaciones cercanas con sus maestros”.
Los maestros de estas escuelas tienen la oportunidad de “construir lazos que son especialmente vitales durante los difíciles años de la adolescencia”.

Creo que cuando los adultos les proporcionan un mejor entorno, los niños tienden a mejorar su comportamiento.  La importancia del lazo social, de ese lazo que hacemos con los otros, con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestras parejas y como eso está cambiando.
Más allá de todo lo planteado no podemos desconocer que el fenómeno del déficit de atención es evidente. Si hablamos de un porcentaje tan grande de niños que está diagnosticado con este trastorno, estamos hablando de un síntoma que articula la problemática individual con lo social.
Se trata entonces de situar el problema en términos de localizar en cada caso cuál es la estructura del niño, cuál es su posición subjetiva y como juega en su universo familiar eso que lo aqueja. Si podemos pensar el problema de la atención, la impulsividad y la hiperactividad como producciones subjetivas particulares del niño, y no como un problema universal, quizás podamos comprender lo específico del déficit de atención con hiperactividad en cada singularidad.





[3] Merieu, Philippe (2004) Referencias para un mundo sin referencias. Ed. Grao. Barcelona.


[1] Miguez, M. (2010) LA SUJECIÓN DE LOS CUERPOS DÓCILES. MEDICACIÓN ABUSIVA CON PSICOFÁRMACOS EN LA NIÑEZ URUGUAYA. Estudios sociológicos Editora, Buenos Aires



[1] Miguez, M. (2010) LA SUJECIÓN DE LOS CUERPOS DÓCILES. MEDICACIÓN ABUSIVA CON PSICOFÁRMACOS EN LA NIÑEZ URUGUAYA. Estudios sociológicos Editora, Buenos Aires



[1] American Psychiatric  Association (1995) Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Editorial Masson. Barcelona.