El diván. (Este cuento inédito iba a salir en ¿Hablamos de amor? ED de la Plaza 2008, cosa que finalmente no ocurrió)

Pablo asociaba libremente. Como tantas otras veces. Discurría, descubría, repetía. 
Recostado en el diván navegaba por un río de palabras. Hasta que de pronto una interpretación cayó como un rayo “… pero es lo mismo que le pasó aquella vez”. 
Toda esa embarcación llamada diván pareció conmocionarse con ese relámpago condensado en pocas palabras. Pablo enmudeció. Advertía que algo de su presente no dejaba de ser una repetición de aquello que le había sucedido hacía tanto tiempo. Aquello que solo podía llamarse “aquello” porque no había palabras para poder darle un sentido.

“Igual que aquella vez, y lo peor es que usted sigue sabiendo que va a pasar y no puede evitarlo”. Así terminó la sesión, breve. Una verdadera escansión a lo más profundo de su ser.

El diván llegó a un puerto inexplorado, uno que no cesaba de no escribirse. En todo ese tiempo había conocido muchos puertos, algunos iguales, otros parecidos, pero nunca uno como este. Algo, por fin, intentaba escribirse.

Pablo se levantó como un boxeador al borde del nocaut. Manteniendo la firmeza, acompañó a la analista hasta la puerta y la miró con la mirada de aquel niño que fue, aunque hubieran pasado ya más de treinta años. Quiso decir algo pero fue imposible.

La analista lo miró, esta vez con una mirada diferente y un pequeño gesto emergió. Le apretó su brazo con su mano. Por unos segundos se confundieron la mano y el brazo. Por un momento esa zona inexplorada y solitaria fue visitada por la analista. Ese gesto, sin palabras y atemporal representó para Pablo algo iniciático. Ese pequeño acto tuvo la certeza de un comienzo.

Pablo se fue a los tumbos. Puso música en sus oídos, encendió el ipod y sonó Coldplay y la canción Lost pareció venir en su ayuda. Mientras sonaban los primeros acordes Pablo lloró como nunca, como no lo pudo hacer a sus siete años. Lagrimas infantiles de un hombre grande. Un llanto guardado en algún lugar que por fin podía salir a la superficie.

En el ipod Chris Martin cantaba:
Solo porque estoy perdiendo
no significa que este perdido
no significa que pararé.
No significa que vaya a cruzar.

Solo porque estoy hiriendo
no significa que este herido.
No significa que no tengo
lo que me merezco
ni mejor ni peor.

Solo me perdí.
Cada rio que intente cruzar
cada puerta que intente estaba cerrada.

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